Cuando era pequeño mi mamá, cuando salía hacia el cole, siempre me decía que no me pegara con nadie, que fuera bueno, que ayudara a los compañeros y que no traicionara nunca la amistad y la confianza (bueno, eso me lo dijo algo más tarde, cuando entendí un poco esos palabros, o eso creía yo) Pues bien, un día de estos tengo que hablar con mi mamá, la mejor persona del mundo (cuando no se le cruza la vena y tiene que defendernos, entonces es una leona o una osa o super-woman-mami o todo a la vez) y explicarle que si lo que quería era que su hijo sobreviviera ahí fuera, lejos de sus brazos amorosos y tiernos, debía haber incluido en sus consejos algunos otros como por ejemplo: atento a tu alrededor, especialmente si son compañeros de clase o de trabajo: son especímenes peligrosos, como algunos de los que se hacen llamar amigos. Estos seres, generalmente bastante nocturnos, pacen tranquilamente, se relacionan serenamente con el entorno e incluso llegan a tener una intensa vida social. A menudo tienen a alguien al que le caen especialmente bien. Pero no te dejes engañar, si te pones en su camino te darán un empujón doloroso en tu corazoncito descuidado y también en tu cartera (de dinero o de amores, o de amigos). Total, atento a los movimientos extrañamente amables de la fauna que te rodea. La lista de ejemplos que atesoro es larga y mi mami acaba de terminar la paella de los domingos, por eso creo que hoy tampoco va a ser el día que le diga que me he llevado otra sorpresa desagradable de la persona menos pensada.